Logo 1 Logo 2

Ciencia, tecnología y sociedad


Sinergia: Centros de investigación e iniciativa privada, su potencial en México

Introducción

En la actualidad, una de las grandes preocupaciones de la humanidad es la constante emisión de gases de efecto invernadero (GEI). Para disminuir la generación de GEI, la energía solar es una fuente alternativa para generar energía eléctrica y es una de las mejores opciones para sustituir a las fuentes de energía contaminantes, generadoras de bióxido de carbono que impactan en el cambio climático.

Para poder aprovechar la energía proveniente de la radiación solar es necesario transformarla en energía eléctrica y para ello se utilizan los módulos solares o paneles fotovoltaicos, que captan la radiación solar y la transforman en energía eléctrica; pero aún no es suficiente. La energía eléctrica que proporciona el módulo solar necesita una transformación adicional, se debe convertir de corriente directa a corriente alterna y para ello se utiliza un equipo conocido como inversor fotovoltaico.

El desarrollo tecnológico en un Centro Público de Investigación

De igual forma que ocurre con la energía solar, el conocimiento generado en los Centros Públicos de Investigación y Desarrollo Tecnológico no puede ser utilizado tal y como se genera; requiere una transformación adicional para que ese conocimiento pueda convertirse en un bien o servicio útil para la sociedad.

Una metodología ampliamente aceptada para conocer el avance de un desarrollo tecnológico es la escala de madurez tecnológica TRL (Technology Readiness Level), la cual se puede interpretar como el camino para que una tecnología esté disponible al usuario objetivo; de tal forma que el nivel 1 de la escala TRL representa la etapa conceptual y el nivel 9, significa que la tecnología cumple con los objetivos para los cuales fue desarrollada y está disponible al usuario final (ver Figura 1).

Los Centros Públicos de Investigación no fueron diseñados para generar productos o servicios que puedan satisfacer las necesidades de la sociedad, pero si están diseñados para generar soluciones a problemas técnicos específicos, asociados principalmente a la actividad humana. En el mejor de los casos, la tecnología desarrollada en un Centro Público de Investigación alcanzará una madurez tecnológica de 7 en la escala TRL que significa "Demostración de sistema o prototipo en un entorno real", siendo los niveles 4 o 5 en la escala TRL los más comunes, que corresponden a "Validación de componentes o prototipo en ambiente de laboratorio" y "Tecnología validada en entorno relevante", respectivamente. Para salvar las siguientes etapas, se requiere optimizar componentes, procesos y costos, de tal forma que la tecnología pueda estar disponible al usuario que tiene el problema.

Pasar del nivel 4 en la escala TRL implica sacar a las tecnologías del laboratorio y realizar pruebas en un entorno relevante, para posteriormente probarlas en un entorno real y finalmente, lograr que los resultados sean reproducibles. En este punto, la tecnología todavía no representa una solución, en tanto no sea asequible al usuario final, es decir, si no está al alcance de la sociedad.

Figura 1. Escala de madurez tecnológica TRL.

Cuando se alcanza un nivel de madurez 4 en la escala TRL, sabemos que se tienen resultados reproducibles a escala de laboratorio y, por lo tanto, la tecnología se vislumbra como una posible solución. En éste punto, conviene pensar en solicitar la propiedad intelectual para el desarrollo tecnológico, mediante una patente o modelo de utilidad, según aplique; transformando así el conocimiento en una propiedad intangible para el Centro Público de Investigación. También es el momento oportuno para iniciar estudios que permitan conocer el alcance (estado de la técnica y patentabilidad) y el impacto geográfico de la solución (estudios de mercado).

Conforme la tecnología avanza en la escala de madurez tecnológica, las necesidades económicas crecen, se requieren más equipos para reproducir en forma controlada las condiciones de prueba en un entorno relevante antes de llevar al prototipo a un entorno real; cada falla implica inversión adicional y será necesario contar con más de un prototipo que permita reproducir los mismos resultados. En este punto nos encaminamos a la solución y el concepto de reproducibilidad no solo abarca a los resultados, si no al concepto tangible que representa la solución, ya sea un aparato, producto o proceso. En esta etapa, las necesidades tecnológicas y económicas para continuar con el desarrollo tecnológico, seguramente rebasan las capacidades de un centro público de investigación y, en consecuencia, es conveniente buscar un socio tecnológico que cuente con la capacidad tecnológica, financiera y de ser posible, la experiencia necesaria para llevar avante la tecnología hasta alcanzar la solución esperada: el producto final. Es el momento de pasar la estafeta para que el socio tecnológico que pueda recorrer el último tramo del desarrollo tecnológico.

A pesar de las dificultades que implica llevar una tecnología a niveles superiores a siete en la escala TRL, en el INEEL se tienen excepciones, en donde, derivado de las necesidades específicas del usuario y las características particulares de la tecnología y se ha logrado alcanzar un nivel de madurez 8 en la escala TRL.

La transferencia de la tecnología en un Centro Público de Investigación

La transferencia de tecnología se relaciona, por un lado, con la oferta de soluciones tecnológicas y por el otro, con la adquisición de nuevas capacidades para proveer productos o servicios a la sociedad. Esto significa que no siempre el que genera la tecnología es quien la terminará explotando o comercializando.

Si un desarrollo tecnológico cuenta con elementos suficientes para satisfacer una necesidad, es comercialmente viable y si además cuenta con solicitudes de apropiación del conocimiento (patente, modelo de utilidad, diseño industrial o derechos de autor), es momento de pensar en trasladar esas capacidades a un inversionista.

Cuando hablamos de transferir capacidades, nos referimos a todo el conocimiento necesario para que el desarrollo tecnológico pueda ser reproducido por un tercero y aún más, el conocimiento necesario para que dicho conocimiento pueda ser mejorado y adaptado a una cadena productiva que permita reproducir la tecnología tantas veces sea necesario, obteniendo los mismos resultados. De forma general hablamos de compartir derechos de propiedad intelectual, especificaciones técnicas, lista de componentes, proveedores, maquinaria y equipo necesario para reproducir la tecnología, manuales de operación, guías de ensamble, normatividad, software, firmware, costos de producción, experiencia, etc.

Para que la tecnología desarrollada en los Centros Públicos de Investigación cuente con mayores posibilidades de satisfacer las necesidades de la sociedad, es conveniente la vinculación con empresas conocedoras de su sector, que cuenten con capacidades técnicas y económicas para asimilar la tecnología y franquear así algunas de las barreras asociadas al proceso de transferencia de tecnología.

Otras barreras no están asociadas a factores tecnológicos o económicos; están asociadas a la confianza.

La primera barrera para la transferencia de la tecnología surge de la falta de confianza entre ambas organizaciones y no se relaciona con la capacidad de los Centro Públicos de investigación o con la capacidad de los inversionistas; más bien, surge de las posibilidades de negocio que se pueden generar y de la distribución de las respectivas ganancias. Cada parte buscará obtener el mayor beneficio.

Otra barrera asociada a la confianza es la posibilidad de que el inversionista intente apropiarse indebidamente de la tecnología, pero esta segunda barrera se libra con un convenio de confidencialidad entre ambas partes.

Para fortalecer la confianza entre ambas partes se requiere de una buena comunicación y de ahí surge la necesidad de que hablen el mismo idioma, es decir, un vocabulario que todos entiendan, independientemente de su papel en las negociaciones de transferencia del conocimiento.

La visión desde ambos puntos de vista siempre será diferente. Mientras que para los investigadores la tecnología ya se encuentra en una fase pre comercial y cumple con las demandas para las cuales ha sido desarrollada, para el inversionista el camino aún es largo. En este punto es donde surge la necesidad de un interlocutor que comprenda la visión del empresario inversionista y a su vez, la visión de los desarrolladores de la tecnología, para establecer un punto de partida que sea aceptado por ambas partes. También el interlocutor se debe encargar de incrementar la confianza entre ambas partes y generar los convenios y acuerdos que den certidumbre jurídica a la transferencia de tecnología.

El interlocutor mencionado debe tener amplia experiencia en contratos, acuerdos de confidencialidad, normatividad y propiedad intelectual; pero además se requieren conocimientos de mercado, finanzas, contabilidad y habilidades de negociación. Como no es posible integrar todo el conocimiento en una sola persona, se crearon las oficinas de transferencia de tecnología (OTT), integradas por diversos profesionistas que forman un equipo, aportando su conocimiento y habilidades para poder trasladar la tecnología a empresas productivas. Las Oficinas de Transferencia de Tecnología son necesarias, pero requieren materia prima para poder subsistir y ésta materia prima es el conocimiento tecnológico desarrollado por los propios Centros Públicos de Investigación, el cual debe estar respaldado por instrumentos jurídicos de propiedad intelectual tales como patentes, modelos de utilidad, diseños industriales, software, secretos industriales; de lo contrario, no podrán lograr su objetivo.

Un gran número de patentes no garantiza por sí mismo la subsistencia de las Oficinas de Transferencia de Tecnología. Las patentes deben ser de calidad, no solo en cuanto a su aportación tecnológica, sino también como instrumento jurídico que apropie de forma correcta la tecnología, obteniendo el mayor alcance posible para aumentar las expectativas de interés por parte de los inversionistas, así como la seguridad jurídica sobre la propiedad.

En conclusión, las tecnologías desarrolladas por los Centros Públicos de Investigación requieren de una oficina de transferencia de tecnología que sirva de interlocutor con empresas e inversionistas, para que las tecnologías desarrolladas puedan generar el bienestar para el que fueron creadas. Más aún los Centros Públicos de Investigación requieren de promotores que faciliten la comunicación y colaboración con la iniciativa privada, para que, desde su origen, los proyectos de desarrollo tecnológico cuenten con el apoyo necesario para lograr su objetivo, asimilando la visión, experiencia y apoyo del sector empresarial, de tal forma que el beneficio sea para ambas partes, impulsando así la competitividad de cada sector productivo del país.

Autores:
Omar Castro Vivas, omar.castro@ineel.mx;
Humberto Raúl Jiménez Grajales, hjimenez@ineel.mx