Impacto social
El impacto de la pandemia del COVID-19 sobre el sector eléctrico
Las afectaciones del COVID-19 sobre la economía mundial
El mundo ha cambiado. El nuevo coronavirus se ha encargado
de eso al arrancar cientos de miles de vidas humanas
y asestar un golpe devastador a la economía mundial. El
impacto súbito y generalizado de la pandemia del COVID-19
(nuevo coronavirus) y las medidas de suspensión de las actividades
que se adoptaron para contenerla, han ocasionado
una drástica contracción de la economía mundial que sería
la peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial. Al principio
de la crisis, en enero de 2020, ya se preveía dicha contracción,
tanto en los países desarrollados como en los que
están en vías de desarrollo, lo que empujaría a millones de
personas al desempleo y a la pobreza extrema. Los efectos
están siendo particularmente profundos en los países más
afectados por la pandemia y en aquellos que dependen
en gran medida del comercio internacional, el turismo, las
exportaciones de productos básicos y el financiamiento
externo.
Asimismo, la suspensión de las clases y las dificultades
de acceso a los servicios primarios de atención de salud
probablemente tendrán repercusiones a largo plazo sobre
el desarrollo del capital humano, lo que dejará cicatrices difíciles de borrar y planteará complejos desafíos mundiales,
considerándose que la primera prioridad será
abordar la emergencia mundial en materia de salud y económica;
eso es lo que señala el Banco Mundial al observar
los estragos que está causando la pandemia en los planos
económico y humano en los países más pobres.
Se anticipaba que la situación podría empeorar si la pandemia
se prolongaba más allá de la mitad del año, lo que
ya está ocurriendo, y podría ocasionar agitaciones financieras
y un repliegue del comercio internacional y las relaciones
de suministro. En esta hipótesis, la economía mundial
podría contraerse hasta un 8% este año, para recuperarse
apenas por encima de un 1% en 2021. No existen
registros de pronósticos de crecimiento mundial a la baja
tan súbitos y drásticos como los que se han visto en la
época actual.
El coronavirus ha golpeado fuertemente a la mayoría de las
industrias, exigiéndoles una reinvención necesaria y una
búsqueda de nuevas áreas de oportunidad, pero también
ha impulsado a unas cuantas, ofreciéndoles excelentes
alternativas para el crecimiento.
La hotelería y el turismo es uno de los sectores a los que el
COVID-19 les puso la soga al cuello, derivado de las medidas
impuestas que incluyeron el cierre de hoteles, la suspensión
de vuelos, el cese de cruceros, la cancelación de convenciones
y la prohibición de viajes; en consecuencia, también
puso en jaque a las aerolíneas de todo el mundo, a los
casinos y a la industria gastronómica, aunque ésta última
arribó a buen puerto recurriendo al "servicio para llevar".
Un ganador efímero con el coronavirus fueron las cadenas
minoristas en forma de supermercados, las cuales no
cerraron por ser actividad esencial y sí aprovecharon las
compras de pánico que causó la alerta epidemiológica
para incrementar notablemente sus ventas de productos
básicos. No ocurrió lo mismo con los mercados y centrales
de abasto, donde el aumento en el número de casos por la
pandemia obligó a cerrar algunos locales y bodegas.
Otra de las industrias más golpeadas por el coronavirus fue
la del arte y el entretenimiento. Los museos, las galerías,
las academias de arte, las zonas arqueológicas, los parques
temáticos y los teatros también fueron obligados a cerrar,
pero hicieron de la tecnología su aliada para reinventarse
y ahora ofrecen cursos de danza a través de las redes
sociales, así como recorridos virtuales por la mayoría de
los museos. El COVID-19 también ocasionó el cierre de las
salas de cine y la suspensión tanto de la producción cinematográfica
como de los eventos deportivos y musicales
masivos. También los gimnasios pararon actividades. Aquí
la ganadora por el confinamiento a nivel mundial fue la
plataforma de streaming y entretenimiento Netflix, la cual
superó sus pronósticos de crecimiento con el consecuente
incremento del valor de sus acciones.
Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC),
han sido una herramienta valiosa e imprescindible durante
la pandemia, apoyando el notable incremento del trabajo
en casa y la educación presencial a distancia; destaca el
vertiginoso crecimiento que han mostrado las plataformas
para realizar reuniones virtuales de grupos, no sólo escolares
y de trabajo, sino inclusive religiosos, pues las iglesias
fueron obligadas a permanecer cerradas. Todo tipo de
empresas que incorporaron sus servicios a la esfera virtual
se valieron de las TIC, incluyendo las que organizan conciertos
musicales.
La industria automotriz también cerró temporalmente y
cayeron las ventas de autos. Lo mismo ocurrió con el transporte
público: su demanda bajó significativamente pues
los empleados estaban trabajando en casa y evitaban salir,
aunque el transporte de carga mantuvo su crecimiento. Lo
anterior rebotó en un menor consumo de petróleo y gas
que contribuyó al desplome de los precios de los hidrocarburos
a niveles nunca antes vistos.
Uno de los sectores que más creció debido a ser esencial
para combatir la pandemia del coronavirus fue el
sector salud, abriéndose numerosas plazas laborales para
enfrentar la emergencia sanitaria. Sobra decir que la indusindustria
farmacéutica también ha mantenido un elevado ritmo
de trabajo durante este período.
El cierre obligado de las tiendas físicas abrió una gigantesca
oportunidad para que floreciera el comercio electrónico;
muchos establecimientos mantuvieron y hasta incrementaron
sus ventas con dicha alternativa, la cual, de paso,
ayudó a que, durante la pandemia, el fundador de la tienda
virtual Amazon, Jeff Bezos, incrementara su ventaja como la
persona más rica del mundo.
El impacto del COVID-19 sobre el sector eléctrico
El sector energético es el motor de la economía mundial
al suministrar energía a todos los demás sectores, en particular,
suministra la electricidad de la cual dependen los
bienes y servicios. En tiempos de crisis, como la pandemia
que estamos experimentando en 2020, el suministro confiable
de electricidad es fundamental para los servicios
médicos continuos y para trabajar de forma remota en condiciones
de confinamiento, entre otros aspectos de nuestra
nueva vida diaria.
Durante los últimos meses, las medidas de confinamiento
han reducido significativamente la demanda de electricidad
en los sectores comercial e industrial. La Agencia
Internacional de Energía estima que la demanda mundial
de electricidad disminuyó en un 2.5% en el primer trimestre
de 2020 y pronostica una contracción del 5% al final del
año. En marzo y abril de 2020, se observó una caída del
15% en la demanda de electricidad en muchos países, ya
que la actividad económica determina, en buena medida,
dicha demanda. Si la demanda permanece baja durante un
periodo prolongado, algunas centrales eléctricas podrían
convertirse en improductivas.
También se ha reportado que la desaceleración de la
demanda ha llevado a un aire más limpio con una caída de
las emisiones de carbono estimada en un 17% en abril, en
comparación con el año anterior. La caída de la producción industrial, menos automóviles en las carreteras y menos
generación de electricidad contribuyeron a esto. Además,
la generación mundial de electricidad a partir de energías
renovables aumentó en un 3%, impulsada en gran medida
por los nuevos proyectos solares y eólicos que entraron en
operación durante el año pasado.
El aumento del desempleo debido a la pandemia puede
impedir que muchas personas paguen sus facturas de
luz. Los retrasos en el pago y la morosidad de las facturas
de los servicios públicos por parte de los consumidores
finales (residencial, comercial e industrial) están
comenzando a tener un efecto perjudicial a lo largo de la
cadena de suministro de electricidad. En muchos países,
los gobiernos han intervenido manteniendo los servicios
de electricidad para la población durante el confinamiento
y, al mismo tiempo, reduciendo el impacto financiero negativo
en el sector.
Muchas empresas de diferentes sectores a nivel mundial
han suspendido o reducido sus gastos de capital, siempre
que sea posible, y el sector eléctrico no es una excepción.
Se han suspendido inversiones no críticas en todo
el sector, desde la generación hasta la transmisión y la
distribución.
Las cadenas de suministro del sector eléctrico también
se han visto afectadas. La fabricación de la mayoría del
equipo del sector energético está sufriendo una fuerte desaceleración.
En el lado positivo, la situación del COVID-19
en China, de donde proviene la mayor parte del suministro
solar, se está normalizando y las fábricas están comenzando
a reabrir. Las interrupciones del suministro de otros
países están afectando a la industria eólica (que depende
de vínculos internacionales de suministro) más que a la
energía solar. Además, las restricciones de viajes locales
e internacionales, los requisitos de cuarentena y los cierres
han provocado retrasos en los proyectos energéticos
y han incrementado los costos de construcción de tales
proyectos.
De acuerdo con la Corporación de Confiabilidad Eléctrica
de Norteamérica (NERC, por sus siglas en inglés), la cual se
encarga de supervisar la confiabilidad eléctrica en Estados
Unidos y en las regiones adyacentes de México y Canadá,
se observó un incremento en el riesgo de la confiabilidad
en la primavera de 2020, ocasionado por las posibles interrupciones
de la fuerza laboral debido a las enfermedades
o fallecimientos del personal y a la cuarentena, a posibles
interrupciones en la cadena de suministro, así como
mayores riesgos de ciberseguridad debido a que un mayor número de empleados estaba realizando trabajo desde
casa. Es probable que dichos riesgos continúen durante el
verano y puedan surgir nuevos riesgos, lo que incluye interrupciones
del suministro eléctrico causadas por el mantenimiento
diferido. Además, las medidas de protección
contra la pandemia pueden ocasionar que las empresas
eléctricas tarden más en restablecer el servicio después
de emergencias como los huracanes, cuya temporada en el
Atlántico empezó el 1 de junio.
Durante las circunstancias extraordinarias de la pandemia,
en varios países ha prevalecido la electricidad baja en carbono
(renovable y nuclear), aumentando la contribución
de la electricidad renovable debido a la obligación de los
operadores del sistema de transmisión de programar y despachar la electricidad renovable antes que la generada
a partir de combustibles fósiles, así como debido a las condiciones
climáticas favorables.
En general, la competitividad y la resiliencia de las tecnologías
bajas en carbono han dado como resultado participaciones
del mercado más altas para la energía nuclear, solar y eólica
en muchos países desde el inicio de los confinamientos. La
proporción de generación nuclear en Corea del Sur aumentó
en casi 9 puntos porcentuales durante la pandemia, mientras
que en el Reino Unido, la energía nuclear jugó un papel
importante en casi eliminar la generación a partir del carbón
durante un período de dos meses. Se prevé que en EE. UU. la
proporción de generación nuclear en 2020 aumentará en más
de un punto porcentual en comparación con 2019. En China,
la producción de energía disminuyó durante enero-febrero
de 2020 en más del 8% respecto al año anterior: la energía
del carbón disminuyó en casi un 9%, la energía hidroeléctrica
en casi un 12%; la energía nuclear ha demostrado ser más
resiliente con solo una reducción del 2%. Los beneficios de
estas mayores proporciones de energía limpia en términos
de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero
y otros contaminantes del aire se han mostrado en todo
el mundo durante los últimos meses.
Desde el principio de la crisis del COVID-19, el sector eléctrico
ha mantenido su ritmo de trabajo con el objetivo de
garantizar un suministro seguro y confiable de electricidad,
aplicando siempre las medidas de protección y seguridad
para toda la fuerza de trabajo. Para evitar el agotamiento
del personal clave, las actividades regulares de mantenimiento
y el trabajo de campo se han limitado al mínimo,
priorizando la reparación y restauración. También las organizaciones
profesionales han continuado realizando actividades
desde su trinchera para apoyar la respuesta del
sector eléctrico, en particular, el Instituto de Ingenieros
Eléctricos y Electrónicos (IEEE) publicó oportunamente el
documento de acceso libre titulado Sharing Knowledge
on Electrical Energy Industry's First Response to COVID-19.
https://www.missioncriticalmagazine.com/ext/resources/whitepapers/2020/PES_TP_COVID19_050120_2.pdf
Y después de la crisis...
El COVID-19 le ha recordado al mundo su vulnerabilidad
y ha aumentado la conciencia de la sociedad en general
sobre los riesgos globales. Ahora el futuro no se puede predecir;
un rápido regreso a la normalidad no es una estrategia
viable y, en la medida que las empresas y la sociedad
salgan del confinamiento, no habrá certeza para el repunte
económico, ya que podrían continuar las restricciones
al existir la posibilidad de una segunda ola de brotes de
infección o, inclusive, la mutación del virus. Ni el desarrollo
de la vacuna garantiza el control de la pandemia.
Por lo tanto, las empresas deberán desarrollar un alto grado
de flexibilidad en sus estrategias a corto y mediano plazo,
además de estar preparadas para ajustar sus operaciones
y no asumir que la recuperación será un proceso continuo
y lineal. Deben considerar qué aspectos de las estrictas
medidas de separación, higiene, control y resiliencia
empresarial adoptadas en el peor punto de la crisis deben
mantenerse y aumentarse o reducirse, según sea necesario.
Las empresas deberán utilizar su experiencia con la pandemia para efectuar revisiones de amplio alcance de sus
estrategias de gestión de crisis y continuidad empresarial.
La experiencia con el COVID-19 acelerará el impulso hacia
nuevas formas de trabajo, automatización y digitalización.
Las empresas que están más avanzadas en la curva
de digitalización de sus operaciones se beneficiaron con
una mayor capacidad de recuperación incorporada durante
la crisis, ya que se reduce la dependencia de los recursos
humanos. Las empresas revisarán qué funcionó bien
durante la crisis para identificar oportunidades para la productividad
y flexibilidad de la fuerza laboral en el futuro.
Es fácil imaginar que las empresas reconsiderarán su
enfoque de los viajes de capacitación y negocios, y la movilidad
de la fuerza laboral con los consiguientes impactos
en la demanda de combustible para el transporte. En un
nivel más amplio, los políticos y la población reflexionarán
sobre el impacto del confinamiento en la reducción del tráfico,
la contaminación y las emisiones de CO2.
Autor:
Armando Moreno Almaraz, RevistaTransicionE@ineel.mx