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Impacto social

Impacto social


El impacto de la pandemia del
COVID-19 sobre el sector eléctrico
El impacto de la pandemia del
COVID-19 sobre el sector eléctrico

*Versión pdf

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Las afectaciones del COVID-19 sobre la
economía mundial
Las afectaciones del COVID-19 sobre la
economía mundial

El mundo ha cambiado. El nuevo coronavirus se ha encargado de eso al arrancar cientos de miles de vidas humanas y asestar un golpe devastador a la economía mundial. El impacto súbito y generalizado de la pandemia del COVID-19 (nuevo coronavirus) y las medidas de suspensión de las actividades que se adoptaron para contenerla, han ocasionado una drástica contracción de la economía mundial que sería la peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial. Al principio de la crisis, en enero de 2020, ya se preveía dicha contracción, tanto en los países desarrollados como en los que están en vías de desarrollo, lo que empujaría a millones de personas al desempleo y a la pobreza extrema. Los efectos están siendo particularmente profundos en los países más afectados por la pandemia y en aquellos que dependen en gran medida del comercio internacional, el turismo, las exportaciones de productos básicos y el financiamiento externo.

Asimismo, la suspensión de las clases y las dificultades de acceso a los servicios primarios de atención de salud probablemente tendrán repercusiones a largo plazo sobre el desarrollo del capital humano, lo que dejará cicatrices difíciles de borrar y planteará complejos desafíos mundiales, considerándose que la primera prioridad será abordar la emergencia mundial en materia de salud y económica; eso es lo que señala el Banco Mundial al observar los estragos que está causando la pandemia en los planos económico y humano en los países más pobres.


Se anticipaba que la situación podría empeorar si la pandemia se prolongaba más allá de la mitad del año, lo que ya está ocurriendo, y podría ocasionar agitaciones financieras y un repliegue del comercio internacional y las relaciones de suministro. En esta hipótesis, la economía mundial podría contraerse hasta un 8% este año, para recuperarse apenas por encima de un 1% en 2021. No existen registros de pronósticos de crecimiento mundial a la baja tan súbitos y drásticos como los que se han visto en la época actual.

El coronavirus ha golpeado fuertemente a la mayoría de las industrias, exigiéndoles una reinvención necesaria y una búsqueda de nuevas áreas de oportunidad, pero también ha impulsado a unas cuantas, ofreciéndoles excelentes alternativas para el crecimiento.

La hotelería y el turismo es uno de los sectores a los que el COVID-19 les puso la soga al cuello, derivado de las medidas impuestas que incluyeron el cierre de hoteles, la suspensión de vuelos, el cese de cruceros, la cancelación de convenciones y la prohibición de viajes; en consecuencia, también puso en jaque a las aerolíneas de todo el mundo, a los casinos y a la industria gastronómica, aunque ésta última arribó a buen puerto recurriendo al "servicio para llevar".

Un ganador efímero con el coronavirus fueron las cadenas minoristas en forma de supermercados, las cuales no cerraron por ser actividad esencial y sí aprovecharon las compras de pánico que causó la alerta epidemiológica para incrementar notablemente sus ventas de productos básicos. No ocurrió lo mismo con los mercados y centrales de abasto, donde el aumento en el número de casos por la pandemia obligó a cerrar algunos locales y bodegas.

Otra de las industrias más golpeadas por el coronavirus fue la del arte y el entretenimiento. Los museos, las galerías, las academias de arte, las zonas arqueológicas, los parques temáticos y los teatros también fueron obligados a cerrar, pero hicieron de la tecnología su aliada para reinventarse y ahora ofrecen cursos de danza a través de las redes sociales, así como recorridos virtuales por la mayoría de los museos. El COVID-19 también ocasionó el cierre de las salas de cine y la suspensión tanto de la producción cinematográfica como de los eventos deportivos y musicales masivos. También los gimnasios pararon actividades. Aquí la ganadora por el confinamiento a nivel mundial fue la plataforma de streaming y entretenimiento Netflix, la cual superó sus pronósticos de crecimiento con el consecuente incremento del valor de sus acciones.

Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), han sido una herramienta valiosa e imprescindible durante la pandemia, apoyando el notable incremento del trabajo en casa y la educación presencial a distancia; destaca el vertiginoso crecimiento que han mostrado las plataformas para realizar reuniones virtuales de grupos, no sólo escolares y de trabajo, sino inclusive religiosos, pues las iglesias fueron obligadas a permanecer cerradas. Todo tipo de empresas que incorporaron sus servicios a la esfera virtual se valieron de las TIC, incluyendo las que organizan conciertos musicales.

La industria automotriz también cerró temporalmente y cayeron las ventas de autos. Lo mismo ocurrió con el transporte público: su demanda bajó significativamente pues los empleados estaban trabajando en casa y evitaban salir, aunque el transporte de carga mantuvo su crecimiento. Lo anterior rebotó en un menor consumo de petróleo y gas que contribuyó al desplome de los precios de los hidrocarburos a niveles nunca antes vistos.

Uno de los sectores que más creció debido a ser esencial para combatir la pandemia del coronavirus fue el sector salud, abriéndose numerosas plazas laborales para enfrentar la emergencia sanitaria. Sobra decir que la indusindustria farmacéutica también ha mantenido un elevado ritmo de trabajo durante este período.

El cierre obligado de las tiendas físicas abrió una gigantesca oportunidad para que floreciera el comercio electrónico; muchos establecimientos mantuvieron y hasta incrementaron sus ventas con dicha alternativa, la cual, de paso, ayudó a que, durante la pandemia, el fundador de la tienda virtual Amazon, Jeff Bezos, incrementara su ventaja como la persona más rica del mundo.

El impacto del COVID-19 sobre el sector
eléctrico
El impacto del COVID-19 sobre el sector
eléctrico

El sector energético es el motor de la economía mundial al suministrar energía a todos los demás sectores, en particular, suministra la electricidad de la cual dependen los bienes y servicios. En tiempos de crisis, como la pandemia que estamos experimentando en 2020, el suministro confiable de electricidad es fundamental para los servicios médicos continuos y para trabajar de forma remota en condiciones de confinamiento, entre otros aspectos de nuestra nueva vida diaria.

Durante los últimos meses, las medidas de confinamiento han reducido significativamente la demanda de electricidad en los sectores comercial e industrial. La Agencia Internacional de Energía estima que la demanda mundial de electricidad disminuyó en un 2.5% en el primer trimestre de 2020 y pronostica una contracción del 5% al final del año. En marzo y abril de 2020, se observó una caída del 15% en la demanda de electricidad en muchos países, ya que la actividad económica determina, en buena medida, dicha demanda. Si la demanda permanece baja durante un periodo prolongado, algunas centrales eléctricas podrían convertirse en improductivas.

También se ha reportado que la desaceleración de la demanda ha llevado a un aire más limpio con una caída de las emisiones de carbono estimada en un 17% en abril, en comparación con el año anterior. La caída de la producción industrial, menos automóviles en las carreteras y menos generación de electricidad contribuyeron a esto. Además, la generación mundial de electricidad a partir de energías renovables aumentó en un 3%, impulsada en gran medida por los nuevos proyectos solares y eólicos que entraron en operación durante el año pasado.


El aumento del desempleo debido a la pandemia puede impedir que muchas personas paguen sus facturas de luz. Los retrasos en el pago y la morosidad de las facturas de los servicios públicos por parte de los consumidores finales (residencial, comercial e industrial) están comenzando a tener un efecto perjudicial a lo largo de la cadena de suministro de electricidad. En muchos países, los gobiernos han intervenido manteniendo los servicios de electricidad para la población durante el confinamiento y, al mismo tiempo, reduciendo el impacto financiero negativo en el sector.

Muchas empresas de diferentes sectores a nivel mundial han suspendido o reducido sus gastos de capital, siempre que sea posible, y el sector eléctrico no es una excepción. Se han suspendido inversiones no críticas en todo el sector, desde la generación hasta la transmisión y la distribución.

Las cadenas de suministro del sector eléctrico también se han visto afectadas. La fabricación de la mayoría del equipo del sector energético está sufriendo una fuerte desaceleración. En el lado positivo, la situación del COVID-19 en China, de donde proviene la mayor parte del suministro solar, se está normalizando y las fábricas están comenzando a reabrir. Las interrupciones del suministro de otros países están afectando a la industria eólica (que depende de vínculos internacionales de suministro) más que a la energía solar. Además, las restricciones de viajes locales e internacionales, los requisitos de cuarentena y los cierres han provocado retrasos en los proyectos energéticos y han incrementado los costos de construcción de tales proyectos.

De acuerdo con la Corporación de Confiabilidad Eléctrica de Norteamérica (NERC, por sus siglas en inglés), la cual se encarga de supervisar la confiabilidad eléctrica en Estados Unidos y en las regiones adyacentes de México y Canadá, se observó un incremento en el riesgo de la confiabilidad en la primavera de 2020, ocasionado por las posibles interrupciones de la fuerza laboral debido a las enfermedades o fallecimientos del personal y a la cuarentena, a posibles interrupciones en la cadena de suministro, así como mayores riesgos de ciberseguridad debido a que un mayor número de empleados estaba realizando trabajo desde casa. Es probable que dichos riesgos continúen durante el verano y puedan surgir nuevos riesgos, lo que incluye interrupciones del suministro eléctrico causadas por el mantenimiento diferido. Además, las medidas de protección contra la pandemia pueden ocasionar que las empresas eléctricas tarden más en restablecer el servicio después de emergencias como los huracanes, cuya temporada en el Atlántico empezó el 1 de junio.


Durante las circunstancias extraordinarias de la pandemia, en varios países ha prevalecido la electricidad baja en carbono (renovable y nuclear), aumentando la contribución de la electricidad renovable debido a la obligación de los operadores del sistema de transmisión de programar y despachar la electricidad renovable antes que la generada a partir de combustibles fósiles, así como debido a las condiciones climáticas favorables.

En general, la competitividad y la resiliencia de las tecnologías bajas en carbono han dado como resultado participaciones del mercado más altas para la energía nuclear, solar y eólica en muchos países desde el inicio de los confinamientos. La proporción de generación nuclear en Corea del Sur aumentó en casi 9 puntos porcentuales durante la pandemia, mientras que en el Reino Unido, la energía nuclear jugó un papel importante en casi eliminar la generación a partir del carbón durante un período de dos meses. Se prevé que en EE. UU. la proporción de generación nuclear en 2020 aumentará en más de un punto porcentual en comparación con 2019. En China, la producción de energía disminuyó durante enero-febrero de 2020 en más del 8% respecto al año anterior: la energía del carbón disminuyó en casi un 9%, la energía hidroeléctrica en casi un 12%; la energía nuclear ha demostrado ser más resiliente con solo una reducción del 2%. Los beneficios de estas mayores proporciones de energía limpia en términos de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y otros contaminantes del aire se han mostrado en todo el mundo durante los últimos meses.

Desde el principio de la crisis del COVID-19, el sector eléctrico ha mantenido su ritmo de trabajo con el objetivo de garantizar un suministro seguro y confiable de electricidad, aplicando siempre las medidas de protección y seguridad para toda la fuerza de trabajo. Para evitar el agotamiento del personal clave, las actividades regulares de mantenimiento y el trabajo de campo se han limitado al mínimo, priorizando la reparación y restauración. También las organizaciones profesionales han continuado realizando actividades desde su trinchera para apoyar la respuesta del sector eléctrico, en particular, el Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos (IEEE) publicó oportunamente el documento de acceso libre titulado Sharing Knowledge on Electrical Energy Industry's First Response to COVID-19.
https://www.missioncriticalmagazine.com/ext/resources/whitepapers/2020/PES_TP_COVID19_050120_2.pdf

Y después de la crisis...
Y después de la crisis...

El COVID-19 le ha recordado al mundo su vulnerabilidad y ha aumentado la conciencia de la sociedad en general sobre los riesgos globales. Ahora el futuro no se puede predecir; un rápido regreso a la normalidad no es una estrategia viable y, en la medida que las empresas y la sociedad salgan del confinamiento, no habrá certeza para el repunte económico, ya que podrían continuar las restricciones al existir la posibilidad de una segunda ola de brotes de infección o, inclusive, la mutación del virus. Ni el desarrollo de la vacuna garantiza el control de la pandemia.

Por lo tanto, las empresas deberán desarrollar un alto grado de flexibilidad en sus estrategias a corto y mediano plazo, además de estar preparadas para ajustar sus operaciones y no asumir que la recuperación será un proceso continuo y lineal. Deben considerar qué aspectos de las estrictas medidas de separación, higiene, control y resiliencia empresarial adoptadas en el peor punto de la crisis deben mantenerse y aumentarse o reducirse, según sea necesario. Las empresas deberán utilizar su experiencia con la pandemia para efectuar revisiones de amplio alcance de sus estrategias de gestión de crisis y continuidad empresarial.


La experiencia con el COVID-19 acelerará el impulso hacia nuevas formas de trabajo, automatización y digitalización. Las empresas que están más avanzadas en la curva de digitalización de sus operaciones se beneficiaron con una mayor capacidad de recuperación incorporada durante la crisis, ya que se reduce la dependencia de los recursos humanos. Las empresas revisarán qué funcionó bien durante la crisis para identificar oportunidades para la productividad y flexibilidad de la fuerza laboral en el futuro.

Es fácil imaginar que las empresas reconsiderarán su enfoque de los viajes de capacitación y negocios, y la movilidad de la fuerza laboral con los consiguientes impactos en la demanda de combustible para el transporte. En un nivel más amplio, los políticos y la población reflexionarán sobre el impacto del confinamiento en la reducción del tráfico, la contaminación y las emisiones de CO2.

Autor:
Armando Moreno Almaraz, amoreno@ineel.mx


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El impacto de la pandemia del
COVID-19 sobre el sector eléctrico
El impacto de la pandemia del
COVID-19 sobre el sector eléctrico

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economía mundial
Las afectaciones del COVID-19 sobre la
economía mundial

El mundo ha cambiado. El nuevo coronavirus se ha encargado de eso al arrancar cientos de miles de vidas humanas y asestar un golpe devastador a la economía mundial. El impacto súbito y generalizado de la pandemia del COVID-19 (nuevo coronavirus) y las medidas de suspensión de las actividades que se adoptaron para contenerla, han ocasionado una drástica contracción de la economía mundial que sería la peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial. Al principio de la crisis, en enero de 2020, ya se preveía dicha contracción, tanto en los países desarrollados como en los que están en vías de desarrollo, lo que empujaría a millones de personas al desempleo y a la pobreza extrema. Los efectos están siendo particularmente profundos en los países más afectados por la pandemia y en aquellos que dependen en gran medida del comercio internacional, el turismo, las exportaciones de productos básicos y el financiamiento externo.

Asimismo, la suspensión de las clases y las dificultades de acceso a los servicios primarios de atención de salud probablemente tendrán repercusiones a largo plazo sobre el desarrollo del capital humano, lo que dejará cicatrices difíciles de borrar y planteará complejos desafíos mundiales, considerándose que la primera prioridad será abordar la emergencia mundial en materia de salud y económica; eso es lo que señala el Banco Mundial al observar los estragos que está causando la pandemia en los planos económico y humano en los países más pobres.


Se anticipaba que la situación podría empeorar si la pandemia se prolongaba más allá de la mitad del año, lo que ya está ocurriendo, y podría ocasionar agitaciones financieras y un repliegue del comercio internacional y las relaciones de suministro. En esta hipótesis, la economía mundial podría contraerse hasta un 8% este año, para recuperarse apenas por encima de un 1% en 2021. No existen registros de pronósticos de crecimiento mundial a la baja tan súbitos y drásticos como los que se han visto en la época actual.

El coronavirus ha golpeado fuertemente a la mayoría de las industrias, exigiéndoles una reinvención necesaria y una búsqueda de nuevas áreas de oportunidad, pero también ha impulsado a unas cuantas, ofreciéndoles excelentes alternativas para el crecimiento.

La hotelería y el turismo es uno de los sectores a los que el COVID-19 les puso la soga al cuello, derivado de las medidas impuestas que incluyeron el cierre de hoteles, la suspensión de vuelos, el cese de cruceros, la cancelación de convenciones y la prohibición de viajes; en consecuencia, también puso en jaque a las aerolíneas de todo el mundo, a los casinos y a la industria gastronómica, aunque ésta última arribó a buen puerto recurriendo al "servicio para llevar".

Un ganador efímero con el coronavirus fueron las cadenas minoristas en forma de supermercados, las cuales no cerraron por ser actividad esencial y sí aprovecharon las compras de pánico que causó la alerta epidemiológica para incrementar notablemente sus ventas de productos básicos. No ocurrió lo mismo con los mercados y centrales de abasto, donde el aumento en el número de casos por la pandemia obligó a cerrar algunos locales y bodegas.

Otra de las industrias más golpeadas por el coronavirus fue la del arte y el entretenimiento. Los museos, las galerías, las academias de arte, las zonas arqueológicas, los parques temáticos y los teatros también fueron obligados a cerrar, pero hicieron de la tecnología su aliada para reinventarse y ahora ofrecen cursos de danza a través de las redes sociales, así como recorridos virtuales por la mayoría de los museos. El COVID-19 también ocasionó el cierre de las salas de cine y la suspensión tanto de la producción cinematográfica como de los eventos deportivos y musicales masivos. También los gimnasios pararon actividades. Aquí la ganadora por el confinamiento a nivel mundial fue la plataforma de streaming y entretenimiento Netflix, la cual superó sus pronósticos de crecimiento con el consecuente incremento del valor de sus acciones.

Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), han sido una herramienta valiosa e imprescindible durante la pandemia, apoyando el notable incremento del trabajo en casa y la educación presencial a distancia; destaca el vertiginoso crecimiento que han mostrado las plataformas para realizar reuniones virtuales de grupos, no sólo escolares y de trabajo, sino inclusive religiosos, pues las iglesias fueron obligadas a permanecer cerradas. Todo tipo de empresas que incorporaron sus servicios a la esfera virtual se valieron de las TIC, incluyendo las que organizan conciertos musicales.

La industria automotriz también cerró temporalmente y cayeron las ventas de autos. Lo mismo ocurrió con el transporte público: su demanda bajó significativamente pues los empleados estaban trabajando en casa y evitaban salir, aunque el transporte de carga mantuvo su crecimiento. Lo anterior rebotó en un menor consumo de petróleo y gas que contribuyó al desplome de los precios de los hidrocarburos a niveles nunca antes vistos.

Uno de los sectores que más creció debido a ser esencial para combatir la pandemia del coronavirus fue el sector salud, abriéndose numerosas plazas laborales para enfrentar la emergencia sanitaria. Sobra decir que la indusindustria farmacéutica también ha mantenido un elevado ritmo de trabajo durante este período.

El cierre obligado de las tiendas físicas abrió una gigantesca oportunidad para que floreciera el comercio electrónico; muchos establecimientos mantuvieron y hasta incrementaron sus ventas con dicha alternativa, la cual, de paso, ayudó a que, durante la pandemia, el fundador de la tienda virtual Amazon, Jeff Bezos, incrementara su ventaja como la persona más rica del mundo.

El impacto del COVID-19 sobre el sector
eléctrico
El impacto del COVID-19 sobre el sector
eléctrico

El sector energético es el motor de la economía mundial al suministrar energía a todos los demás sectores, en particular, suministra la electricidad de la cual dependen los bienes y servicios. En tiempos de crisis, como la pandemia que estamos experimentando en 2020, el suministro confiable de electricidad es fundamental para los servicios médicos continuos y para trabajar de forma remota en condiciones de confinamiento, entre otros aspectos de nuestra nueva vida diaria.

Durante los últimos meses, las medidas de confinamiento han reducido significativamente la demanda de electricidad en los sectores comercial e industrial. La Agencia Internacional de Energía estima que la demanda mundial de electricidad disminuyó en un 2.5% en el primer trimestre de 2020 y pronostica una contracción del 5% al final del año. En marzo y abril de 2020, se observó una caída del 15% en la demanda de electricidad en muchos países, ya que la actividad económica determina, en buena medida, dicha demanda. Si la demanda permanece baja durante un periodo prolongado, algunas centrales eléctricas podrían convertirse en improductivas.

También se ha reportado que la desaceleración de la demanda ha llevado a un aire más limpio con una caída de las emisiones de carbono estimada en un 17% en abril, en comparación con el año anterior. La caída de la producción industrial, menos automóviles en las carreteras y menos generación de electricidad contribuyeron a esto. Además, la generación mundial de electricidad a partir de energías renovables aumentó en un 3%, impulsada en gran medida por los nuevos proyectos solares y eólicos que entraron en operación durante el año pasado.


El aumento del desempleo debido a la pandemia puede impedir que muchas personas paguen sus facturas de luz. Los retrasos en el pago y la morosidad de las facturas de los servicios públicos por parte de los consumidores finales (residencial, comercial e industrial) están comenzando a tener un efecto perjudicial a lo largo de la cadena de suministro de electricidad. En muchos países, los gobiernos han intervenido manteniendo los servicios de electricidad para la población durante el confinamiento y, al mismo tiempo, reduciendo el impacto financiero negativo en el sector.

Muchas empresas de diferentes sectores a nivel mundial han suspendido o reducido sus gastos de capital, siempre que sea posible, y el sector eléctrico no es una excepción. Se han suspendido inversiones no críticas en todo el sector, desde la generación hasta la transmisión y la distribución.

Las cadenas de suministro del sector eléctrico también se han visto afectadas. La fabricación de la mayoría del equipo del sector energético está sufriendo una fuerte desaceleración. En el lado positivo, la situación del COVID-19 en China, de donde proviene la mayor parte del suministro solar, se está normalizando y las fábricas están comenzando a reabrir. Las interrupciones del suministro de otros países están afectando a la industria eólica (que depende de vínculos internacionales de suministro) más que a la energía solar. Además, las restricciones de viajes locales e internacionales, los requisitos de cuarentena y los cierres han provocado retrasos en los proyectos energéticos y han incrementado los costos de construcción de tales proyectos.

De acuerdo con la Corporación de Confiabilidad Eléctrica de Norteamérica (NERC, por sus siglas en inglés), la cual se encarga de supervisar la confiabilidad eléctrica en Estados Unidos y en las regiones adyacentes de México y Canadá, se observó un incremento en el riesgo de la confiabilidad en la primavera de 2020, ocasionado por las posibles interrupciones de la fuerza laboral debido a las enfermedades o fallecimientos del personal y a la cuarentena, a posibles interrupciones en la cadena de suministro, así como mayores riesgos de ciberseguridad debido a que un mayor número de empleados estaba realizando trabajo desde casa. Es probable que dichos riesgos continúen durante el verano y puedan surgir nuevos riesgos, lo que incluye interrupciones del suministro eléctrico causadas por el mantenimiento diferido. Además, las medidas de protección contra la pandemia pueden ocasionar que las empresas eléctricas tarden más en restablecer el servicio después de emergencias como los huracanes, cuya temporada en el Atlántico empezó el 1 de junio.


Durante las circunstancias extraordinarias de la pandemia, en varios países ha prevalecido la electricidad baja en carbono (renovable y nuclear), aumentando la contribución de la electricidad renovable debido a la obligación de los operadores del sistema de transmisión de programar y despachar la electricidad renovable antes que la generada a partir de combustibles fósiles, así como debido a las condiciones climáticas favorables.

En general, la competitividad y la resiliencia de las tecnologías bajas en carbono han dado como resultado participaciones del mercado más altas para la energía nuclear, solar y eólica en muchos países desde el inicio de los confinamientos. La proporción de generación nuclear en Corea del Sur aumentó en casi 9 puntos porcentuales durante la pandemia, mientras que en el Reino Unido, la energía nuclear jugó un papel importante en casi eliminar la generación a partir del carbón durante un período de dos meses. Se prevé que en EE. UU. la proporción de generación nuclear en 2020 aumentará en más de un punto porcentual en comparación con 2019. En China, la producción de energía disminuyó durante enero-febrero de 2020 en más del 8% respecto al año anterior: la energía del carbón disminuyó en casi un 9%, la energía hidroeléctrica en casi un 12%; la energía nuclear ha demostrado ser más resiliente con solo una reducción del 2%. Los beneficios de estas mayores proporciones de energía limpia en términos de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y otros contaminantes del aire se han mostrado en todo el mundo durante los últimos meses.

Desde el principio de la crisis del COVID-19, el sector eléctrico ha mantenido su ritmo de trabajo con el objetivo de garantizar un suministro seguro y confiable de electricidad, aplicando siempre las medidas de protección y seguridad para toda la fuerza de trabajo. Para evitar el agotamiento del personal clave, las actividades regulares de mantenimiento y el trabajo de campo se han limitado al mínimo, priorizando la reparación y restauración. También las organizaciones profesionales han continuado realizando actividades desde su trinchera para apoyar la respuesta del sector eléctrico, en particular, el Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos (IEEE) publicó oportunamente el documento de acceso libre titulado Sharing Knowledge on Electrical Energy Industry's First Response to COVID-19.
Fuente de la información.

Y después de la crisis...
Y después de la crisis...

El COVID-19 le ha recordado al mundo su vulnerabilidad y ha aumentado la conciencia de la sociedad en general sobre los riesgos globales. Ahora el futuro no se puede predecir; un rápido regreso a la normalidad no es una estrategia viable y, en la medida que las empresas y la sociedad salgan del confinamiento, no habrá certeza para el repunte económico, ya que podrían continuar las restricciones al existir la posibilidad de una segunda ola de brotes de infección o, inclusive, la mutación del virus. Ni el desarrollo de la vacuna garantiza el control de la pandemia.

Por lo tanto, las empresas deberán desarrollar un alto grado de flexibilidad en sus estrategias a corto y mediano plazo, además de estar preparadas para ajustar sus operaciones y no asumir que la recuperación será un proceso continuo y lineal. Deben considerar qué aspectos de las estrictas medidas de separación, higiene, control y resiliencia empresarial adoptadas en el peor punto de la crisis deben mantenerse y aumentarse o reducirse, según sea necesario. Las empresas deberán utilizar su experiencia con la pandemia para efectuar revisiones de amplio alcance de sus estrategias de gestión de crisis y continuidad empresarial.


La experiencia con el COVID-19 acelerará el impulso hacia nuevas formas de trabajo, automatización y digitalización. Las empresas que están más avanzadas en la curva de digitalización de sus operaciones se beneficiaron con una mayor capacidad de recuperación incorporada durante la crisis, ya que se reduce la dependencia de los recursos humanos. Las empresas revisarán qué funcionó bien durante la crisis para identificar oportunidades para la productividad y flexibilidad de la fuerza laboral en el futuro.

Es fácil imaginar que las empresas reconsiderarán su enfoque de los viajes de capacitación y negocios, y la movilidad de la fuerza laboral con los consiguientes impactos en la demanda de combustible para el transporte. En un nivel más amplio, los políticos y la población reflexionarán sobre el impacto del confinamiento en la reducción del tráfico, la contaminación y las emisiones de CO2.

Autor:
Armando Moreno Almaraz, amoreno@ineel.mx